Desde 1990 el PNUD lidera la realización de informes de desarrollo humano en el mundo. Estos pueden ser globales, por regiones del mundo, y nacionales.
El Informe de Desarrollo Humano es un informe independiente. Es comisionado por el PNUD y es el producto de un equipo selecto de académicos(as), experto(as) en desarrollo y miembros de la Oficina de Desarrollo Humano del PNUD. Desde el 2008, Jeni Klugman es la Directora y Autora Principal del Informe. Publicados anualmente, cada Informe de Desarrollo Humano ha explorado un tema particular, contribuyendo a la comprensión del paradigma y a expandir su utilización y posibilidades en los foros internacionales.
El Informe Mundial sobre Desarrollo Humano 2011 "Sostenibilidad y Equidad: Un mejor futuro para todos" destaca que para conseguir la sostenibilidad ambiental de manera más justa y eficaz es necesario abordar las desigualdades en acceso a educación, salud, ingresos y de género conjuntamente con las medidas que se aplican en todo el mundo para impulsar la producción de energía más limpia y protección de los ecosistemas.
El primer Informe sobre Desarrollo Humano, publicado en 1990, comenzó con una premisa simple que ha orientado todo su quehacer posterior: “La verdadera riqueza de una nación está en su gente”. Al corroborar esta afirmación con un cúmulo de datos empíricos y una nueva forma de concebir y medir el desarrollo, el Informe ha tenido un profundo impacto en las políticas de desarrollo en todo el mundo. El Informe 2010 revisa los datos del IDH obtenidos a lo largo de dos décadas e muestra tendencias y patrones a menudo sorprendentes: las evidencias muestran que no existe una formula única para lograr el progreso nacional y que, en algunos casos, se han logrado avances extraordinarios aún sin un alto nivel de crecimiento económico sostenido. El Informe 2010 también incorpora una versión actualizada del IDH y presenta tres nuevos índices: un IDH ajustado por la desigualdad, un Índice de Desigualdad de Género y un Índice de Pobreza Multidimensional.
El Informe del 2009 parte de la extraordinaria desigualdad en la distribución mundial de las capacidades y el hecho de que ésta constituye el factor principal que impulsa el movimiento de las personas. La migración puede ampliar sus opciones (por ejemplo, en cuanto a ingresos, acceso a servicios y participación) pero las oportunidades que están al alcance de las personas con más recursos son diferentes de las que se les presentan a las personas con habilidades y recursos limitados. Éste aborda estas desigualdades que pueden acentuarse por las distorsiones políticas. El Informe analiza la migración en el contexto de los cambios y las tendencias demográficas, tanto en términos de crecimiento como de desigualdad. Adicionalmente, presenta experiencias individuales, familiares y comunitarias detalladas y matizadas, mientras que analiza los movimientos menos notorios de grupos desfavorecidos, como las migraciones a corto plazo y las migraciones estacionales. Por otro lado, muestra de qué manera el enfoque de desarrollo humano puede ser una forma de enmendar aspectos subyacentes que desmejoran los beneficios potenciales de la movilidad o provocan la migración forzada.
El Informe del 2007/2008 presenta el cambio climático como el desafío de desarrollo humano distintivo del siglo XXI, con profundos efectos en la reducción de la pobreza, las oportunidades y la desigualdad. La situación corriente del cambio climático nos conduce en una sola dirección: regresión del desarrollo humano sin precedentes y graves riesgos para nuestros hijos y sus descendientes. El Informe insta a reflexionar sobre cuál es nuestra conducta con respecto al medio ambiente y del único bien que tenemos en común: el planeta Tierra. El cambio climático nos invita a reflexionar sobre la justicia social y los derechos humanos en todos los países y todas las generaciones. También propone un reto a los líderes políticos y los habitantes de los países ricos para que asuman su responsabilidad histórica respecto al problema y pongan en marcha iniciativas de fondo para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero con la mayor brevedad. El Informe plantea a toda la humanidad el enorme desafío de emprender una acción colectiva rápida y firme basada en valores comunes y una visión compartida.
El Informe del 2006 examina las causas y consecuencias que subyacen en una crisis que deja a 1,200 millones de personas sin acceso a fuentes de agua segura y a 2,600 millones sin acceso a servicios de saneamiento. Propone un esfuerzo colectivo para lograr que el agua y los servicios de saneamiento lleguen a todas las personas mediante estrategias nacionales y un plan de acción mundial, y observa el alcance de la cooperación internacional para resolver tensiones entre países respecto a la gestión de los recursos hídricos.
El Informe del 2005 evalúa el desarrollo humano y el progreso hacia la consecución de los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Con un enfoque que va más allá de las estadísticas, señala los costos humanos de los objetivos no alcanzados y las promesas incumplidas. El mismo sugiere que los gobiernos deben tomar una decisión, ya que la situación imperante no permitirá cumplir con los compromisos asumidos en el 2000. Pueden iniciar un decenio para el desarrollo con los recursos financieros y tecnológicos y la capacidad para erradicar la pobreza o ser testigos de un fracaso en materia de desarrollo humano.
El Informe del 2004 examina detenidamente y rechaza los argumentos que sostienen que las diferencias culturales necesariamente conducen a un conflicto social, económico y político o que los derechos culturales inherentes deben sustituir a los derechos políticos y económicos. Por el contrario, nos alienta a encontrar maneras de “gozar de nuestras diferencias y presenta algunas ideas concretas sobre lo que significa en la práctica desarrollar y dirigir las políticas de identidad y culturales conforme a los principios fundamentales del desarrollo humano.
El Informe del 2003 se centra en los Objetivos de Desarrollo del Milenio, acordados como resultado de la Declaración del Milenio del 2000, y en el análisis de las causas fundamentales del problema de la pobreza desde un enfoque de desarrollo humano. El Informe analiza los desafíos del desarrollo humano sostenible: (i) la necesidad de implementar reformas económicas para establecer una estabilidad macroeconómica; (ii) la necesidad de contar con instituciones sólidas y un gobierno eficaz para garantizar el estado de derecho y controlar la corrupción; y (iii) la necesidad de justicia social y de hacer partícipes a las personas de las decisiones que les afectan tanto a ellas como a sus comunidades y países.
El Informe del 2002 gira en torno a la política y el desarrollo humano. Trata sobre cómo el poder político y las instituciones (formales e informales, nacionales e internacionales) determinan el progreso humano. También sobre el proceso por el que deberán atravesar los países para establecer sistemas de gobierno democráticos que propicien el desarrollo humano de todas las personas.
El Informe del 2001 analiza cómo las personas pueden desarrollar y utilizar la tecnología para mejorar sus vidas. Propone además cómo forjar nuevas políticas públicas para dirigir el rumbo de la información, las tecnologías de la comunicación y la biotecnología hacia el desarrollo humano. El Informe estudia cómo los países en desarrollo y los pobres pueden verse afectados por las nuevas tecnologías y propone la formulación e implementación de políticas públicas innovadoras que logren que la tecnología sea una herramienta de progreso, inclusión y desarrollo humano.
El Informe del 2000 concibe a los derechos humanos como una parte intrínseca del desarrollo, y al desarrollo como un medio para hacer realidad los derechos humanos. Muestra cómo los derechos humanos incorporan los principios de responsabilidad y justicia social en el proceso de desarrollo humano. Entre otras propuestas, éste reclama que se cuente con enfoques novedosos y audaces —adaptados a las oportunidades y a las realidades de la era de la globalización, a sus nuevos actores y reglas globales— para lograr que en el siglo XXI los derechos humanos sean una realidad universal.
El Informe de 1999 sostiene que la mundialización no es nueva, pero que la era actual de globalización, impulsada por mercados globales competitivos, está dejando atrás la gobernabilidad de los mercados y las repercusiones en las personas. Caracterizada por “espacios reducidos, tiempos reducidos y fronteras que desaparecen”, la globalización ha abierto de par en par la puerta a las oportunidades. Éste argumenta que para que se logren avances importantes en el desarrollo humano, es necesario que la globalización sea liderada o gobernada de manera efectiva
El Informe de 1998 analiza el crecimiento sin precedentes del consumo durante el siglo XX. Si bien este crecimiento ha permitido elevar el nivel promedio de vida de las personas, sus beneficios se han distribuido de una manera muy dispareja y han producido una acumulación de deficiencias y de profundas desigualdades. Con preocupación por un medio ambiente sostenible, por la mundialización de la producción y el consumo, el Informe se cuestiona si luego de un siglo de gran expansión material los líderes y los ciudadanos tendrán la visión de buscar y lograr un progreso más equitativo y humano en el siglo XXI.
El Informe de 1997 se centra en la pobreza desde la perspectiva del desarrollo humano: la pobreza concebida como la negación de las elecciones y las oportunidades para vivir una vida digna. El mensaje central es que la erradicación de la pobreza es una posibilidad concreta, que se puede lograr por medio de la combinación de acciones conducentes a la redistribución del ingreso, el crecimiento pro-pobre, la igualdad de género y la gestión democrática del desarrollo.
El Informe de 1996 estudia las estrategias y los efectos del crecimiento económico. Éste afirma que es necesario gestionar el crecimiento adecuadamente para que incida positivamente en la reducción de la pobreza y en el desarrollo humano. El Informe identifica el empleo (sostenible, de calidad) como un aspecto crucial para que los beneficios del crecimiento económico puedan reflejarse en la vida de las personas.
El mensaje del Informe de 1995 es que la equidad de género es necesaria para el desarrollo humano. El informe examina la situación de las capacidades y las oportunidades de las mujeres, propone una estrategia para igualar las oportunidades de género. Además presenta dos nuevas medidas para clasificar a los países según su desempeño en materia de igualdad de género: el Índice de Potenciación de Género (IPG) y el Índice de Desarrollo Relativo al Género (IDG).
El Informe de 1994 presenta un nuevo concepto de seguridad humana que equipara la seguridad con las personas, en lugar de los territorios, y con el desarrollo, en vez de las armas, y evalúa las preocupaciones en materia de seguridad humana a nivel nacional y mundial. Propone que en la Cumbre Mundial para el Desarrollo Social se aprueben una serie de medidas que contribuyan a la seguridad humana desde un paradigma de desarrollo humano sostenible.
El Informe de 1993 examina cuántas personas participan en los eventos y procesos que determinan sus vidas y de qué manera lo hacen. Analiza tres medios fundamentales de participación popular: los mercados amigables para las personas, la gobernabilidad descentralizada y las organizaciones comunitarias, especialmente las organizaciones no gubernamentales (ONG) y sugiere medidas políticas concretas para abordar los crecientes problemas del crecimiento sin empleo.
El Informe de 1992 examina los mercados globales y su capacidad o incapacidad para satisfacer las necesidades de los grupos de población más pobre. Señala que los mercados son los medios para lograr el fin último del desarrollo humano; la importancia del tipo de crecimiento económico en la solución del dilema de la distribución equitativa; la necesidad de combinar la eficiencia global y la equidad global, y de que las reformas de las instituciones globales vayan de la mano con reformas doméstica.
El Informe de 1991 argumenta que las necesidades de la población pueden ser cubiertas por medio de la reestructuración de los presupuestos nacionales y la ayuda internacional. De acuerdo con el Informe, un sector público más efectivo y eficiente contribuirá a fortalecer el rol privado en el desarrollo humano. Para que la reestructuración sea efectiva y sustentable, el Informe señala la importancia crucial de la voluntad política.
El Informe de 1990 se centra en cómo el crecimiento económico contribuye (o deja de contribuir) al desarrollo humano. Desde una orientación pragmática, discute el significado y la medición del desarrollo humano y propone un índice compuesto de desarrollo humano.
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